Movimiento Jaime Bateman Cayon

TITULO COLORES

TITULO EN NAVEGADOR

domingo 4 de marzo de 2012

Relatos de la Violencia: “Tres Sacerdotes guerrilleros venidos de España: Domingo Laín, José Antonio Jiménez y Manuel Pérez Parte 2”




Sacerdotes guerrilleros (Parte 2 de 4)

Manuel Pérez Martínez, comandante ELN

¿Expulsados de Colombia?

Sí, de Colombia. Primero fuimos expulsados de República Dominicana y después fuimos expulsados de aquí de Colombia. Somos expulsados José Antonio y yo, de República Dominicana, nos venimos a Colombia y nos reunimos con Domingo, y después somos expulsados los tres. Fuimos a España, y al reunirnos los tres, nuestra preocupación principal era cómo regresar a Colombia como uno más de los colombianos pobres, a seguir luchando por reformar las condiciones de vida en que nosotros también vivíamos porque éramos obreros asalariados como cualquiera otro trabajador de acá. De ahí que después de dar algunas vueltas por Europa, logramos contactarnos con el ELN para llegar a la guerrilla.


Milena pregunta sobre el trabajo inicial de los sacerdotes españoles compañeros de Manuel Pérez en Cartagena:

Manuel Pérez Martínez, comandante ELN 
Cuando llegamos a Cartagena, nuestra intención inicial era conocer a la gente. Por eso desde el primer día nos buscamos una casita en los lotecitos que había dentro de la Ciénaga de la Virgen. En la primera visita que hicimos, en el barrio encontramos a algún vecino de ahí que estaba construyendo su casita, y entonces nosotros nos brindamos a ayudarle. Pero era muy extraño que unas personas desconocidas se brindaran a ayudar a una persona. Pero hicimos una relación rápida con él, porque enseguida él nos brindó confianza, y nos pusimos a trabajar. La gente comenzó a curiosear, nos preguntaban quiénes éramos, les dijimos que éramos los nuevos sacerdotes españoles que habíamos llegado a la parroquia, que apenas habíamos dado la primera vuelta para conocer. Ahí mismo se fue acercando la gente y empezamos a charlar, les preguntábamos sobre su situación, nos informaron que no había calles sino puro barro dentro de la Ciénaga de la Virgen. Les dijimos que según ellos que podíamos hacer nosotros. La gente nos respondía que tal vez hablar con las autoridades ya que a ellos no les prestaban atención. Nosotros les planteamos que entre todos podíamos hacer algo. Ahí mismo se acordó que nos reuniríamos el sábado en la tarde, y que alguien que pudiera conseguir una volqueta para mover y trasladar tierra. Que había que conseguir tierra y comenzar a tapar ciénaga y a ir diseñando calles. Esa fue la primera forma de organizarnos con la gente en forma espontánea, pero eso hizo que después de ese primer sábado, las otras calles nos pidieran que nos reuniéramos también para hacer lo mismo. Así fueron comenzando a organizarse las calles.

Después se vio que era necesario conseguir plata para permanentemente tener volquetas. De ahí surgió una cosa muy bonita que fueron los clubes sociales de jóvenes, que hacían sus fiestecitas para conseguir el dinero para conseguir varias volquetas alquiladas. Al mismo tiempo se fue conformando la organización de los jóvenes a través de esos clubes sociales.

Camilo Torres Restrepo
Ya vino otro tipo de problemas que se nos fueron expresando, como los problemas de salud. Organizamos clubes de jóvenes; yo recuerdo muy bien que un día nos dijeron que un joven estaba muy grave. Ya nosotros lo conocíamos y fuimos a visitarlo. Les preguntamos a los familiares si ya lo habían llevado al hospital y nos respondieron: No, padre, no tenemos dinero y allá hay que pagar. Nosotros entonces nos fuimos con el muchacho enfermo. Y en el hospital, por pura desidia, no lo atendieron. Pasaban los médicos, el uno decía que ya salía de turno, etc., hasta que el joven murió ahí estando en manos de nosotros. Después vino el problema del entierro; la familia obviamente no tenía dinero. Nos preguntaron cuánto valía eso, les dijimos que no valía nada y que le íbamos a hacer el entierro como se le hacía al más rico de Cartagena.

Domingo Laín Sáenz
Nos fuimos a invitar a los jóvenes de otros barrios a que acompañaran a ese joven que había muerto asesinado por la injusticia en atención de salud. Por la culpa del gobierno y la desidia de la administración del hospital. El entierro de ese joven se constituyo en una manifestación por las principales calles de Cartagena. Eso iba creando ya dificultades con el gobierno pero al mismo tiempo mucho dese de organización en la gente. Comenzamos a hacer jornadas de estudio, de reflexión y muchas otras actividades. Podríamos decir que el último hecho que se produjo fue el intento por parte del ejército y la policía, por orientación de la autoridad civil, de destruir el barrio de San José, que queda muy cerca al aeropuerto. Para ese momento ya nosotros teníamos relación con todos los barrios de la ciudad. Nosotros fuimos convocando no solamente al barrio de nosotros cuando supimos que iban a cometer esa injusticia de destruir el San José, sino que invitamos a todos los otros barrios con los cuales teníamos ya relación, a que acompañáramos a los habitantes del San José. Porque cuando ocurriera en otros barrios, también otros barrios los acompañarían. Se gestó una gran movilización de solidaridad con el barrio San José y sus pobladores, porque ya habían tumbado algunas casas con buldócer y acompañados por militares.
Nosotros acompañamos la manifestación pero con nuestras sotanas. Considerábamos que ahí era una forma y oportunidad de decir la misa, de celebrar el amor y la solidaridad con los pobres. Eso evitó que hubiera muertos en la manifestación, pues el ejército y la policía, si bien aporrearon un poco a la población, no había tanta decisión de matar. Desembocamos en la plaza de Cartagena, y la gente exigió que hubiera un cabildo abierto para tratar el problema. Que la población tuviera la oportunidad de discutir con las autoridades el problema del barrio San José. Ahí todos los políticos sí salieron a decir que eso era un error, que iban a modificar, que no iban a tumbar el barrio. Pero a partir de ese hecho es nos detienen a nosotros.



Manuel Pérez Martínez, comandante ELN
Como la detención fue burda, porque llegaron de día y haciendo alarde de poderío, las gentes de los barrios se organizaron para ir a liberarnos a nosotros. Entonces las autoridades nos manifestaron que nos iban a poner en libertar, pero que seríamos expulsados del país. Así fue como se produjo la expulsión mía y la de José Antonio. A Domingo le dijeron que no podían expulsar porque sus papeles estaban en regla, mientras que nosotros solo teníamos permiso de tiempo, porque llevábamos poco tiempo en Colombia. La expulsión de Domingo se demoró un poco, pero de todas maneras lo expulsaron. En ese lapso en que nos comunicaron de la expulsión hasta que la realizaron, nos ofrecieron muchas formas de corrupción, que si convencíamos a la gente sobre las bondades del sistema, no nos expulsaban, que tendríamos lo que necesitáramos en las parroquias; que si queríamos trabajar como obreros tendríamos ese empleo si maltratarnos. Tantas cosas nos ofrecieron los potentados y las autoridades de Cartagena y Colombia. Esa demostración de corrupción nos impresionaba mucho más. De cómo se trataba de comprar y corromper la conciencia de los líderes populares para ponerlos en contra de su pueblo y a favor de los enemigos de éste.



Tomado de "Crucifijos- sotanas y fusiles".

Continua en unos días...


Otras Publicaciones:

Relatos de la Violencia: “Tres Sacerdotes guerrilleros venidos de España:  Domingo Laín, José Antonio Jiménez y Manuel Pérez” Parte 1


http://movimientojaimebatemancayon.blogspot.com/2012/01/relatos-de-la-violencia-tres-sacerdotes.html

Jaime Bateman Parte 1 "A Gaitán lo asesinó la oligarquía"




domingo 5 de febrero de 2012

“Certeza y amor en cada paso dado y cada logro alcanzado…”

Nacimos en una tormenta perpetuada, 
Noche de catástrofe y barbarie. 
Oscuridad de humillaciones y salvajismo.
Asesinatos sin escrúpulos humanos 
Insultos irreverentes a nuestras convicciones, entrega absoluta.
Caminos temblorosos de esclavitud y tinieblas de arduo sometimiento. 
Fuimos testigos de Invasión, desalojo y múltiples masacres por forasteros, 
Dominación de nuestra cultura, 
Control de nuestra fe, 
Explotación de nuestras riquezas… 
¡Que paradójico! Protagonistas de aquella obra histórica. 
Descubrimiento de maravillosas áreas de sangre, 
escenarios inundados y lamentados en llanto impotente, 
bajo cadenas de opresión y condiciones de miseria. 
Retoñamos en mariposas rebeldes 
Sueños de cristal, Encarnecidos de Protesta e inconformismo 
Poesía critica, exclamación de cambio y sueños de emancipación. 
Somos hijos de esperanza 
Hijos de anhelos utópicos, 
Hijos de fracasos y derrotas, 
Hijos de luz y mañana, 
Hijos de trincheras en combate, 
Hijos del sonido de cada fusil, 
Hijos de montañas y veredas, 
Hijos de obstáculos y barreras, 
Hijos de almas con valor y generosidad… 
Y lo más importante: Hijos que encienden la llama invencible, ella que al trascurrir el tiempo, aumenta su fortaleza y seguridad. 
Ambiciosa, comprometida por una causa más que justa, 
luchadora, incansable, inmune a todo tipo de ataque, 
que prevalecen nuestras aspiraciones de júbilo, que Florece cada semilla con ardor revolucionario, calor de ideales, hoguera omnipotente, flama imprescindible... 
Y lo primordial: 
Certeza y amor en cada paso dado y cada logro alcanzado… 



Movimiento Jaime Bateman Cayón 
M-JBC

domingo 29 de enero de 2012

Relatos de la Violencia: “Tres Sacerdotes guerrilleros venidos de España: Domingo Laín, José Antonio Jiménez y Manuel Pérez”

Manuel Pérez Martínez
 Sacerdotes guerrilleros (Parte 1 de 4)

Llegó el gran momento; el momento esperado por todos aquí en los campamentos centrales de las FARC; el momento esperado por el país político, por el país militar y por el país periodístico; estamos a finales de septiembre de 1990, y hoy se dan a conocer las conclusiones de la primera cumbre de comandantes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que deliberó durante varias semanas.

Nuevamente la sala de actos especiales del campamento de Alfonso Cano está repleta de gente, todos guerrilleros con uniformes y botas limpias; con sus armas recién aceitadas y con munición abundante; las camarógrafas y fotógrafas adjuntas al secretariado están en plena ebullición, activas, hacen sus filmaciones que posteriormente se verán fugazmente  en los noticieros de televisión y en las páginas de los periódicos.
En el estrado toman asiento Manuel Marulanda, Manuel Pérez, Raúl Reyes, Timoleón Jiménez y algunos comandantes de frentes; Cano da lectura al primer documento el cual contiene la nueva propuesta de paz para el gobierno, y se insiste en la necesidad del diálogo como una vía para llegar a esa paz; la lectura de documentos sigue sucesivamente en la boca de Marulanda y Pérez; las voces retumban entre la selva y ahogan el ininterrumpido rumor del río, pues los guerrilleros que tienen a su cargo el mantenimiento de los equipos de sonido y amplificación, los han preparado especialmente para esta ocasión; hoy hay autorización para que todo el mundo que quiera grabar, filmar o fotografiar, lo haga sin impedimento o limitación alguna.
Domingo Laín Sanz
Héctor, el simpático y agradable guerrillero de la UC-ELN, relata ante la audiencia guerrillera sus últimos chistes antes que comience el nuevo bombardeo de preguntas a su jefe, Manuel Pérez, en lo que será su última conferencia aquí. “Ojalá no se vaya a apagar el motor que genera la corriente eléctrica aquí, y se dañe el acto, porque de pronto los compañeros dicen que fuimos los de la UC-ELN que volamos el motor o la torre”, dice ante la audiencia guerrillera, parodiando las informaciones o desinformaciones de la prensa sobre la voladura de oleoductos por parte de ese movimiento insurgente.

Llegado a su final el acto informativo sobre la cumbre, de nuevo el sacerdote Manuel Pérez se enfrenta a todo un batallón de combatientes que disparan, esta vez no con sus fusiles, sino con sus preguntas e inquietudes intelectuales, políticas, históricas, sociales, revolucionarias.

El turno es para Alberto:

-¿Quiénes han sido los sacerdotes católicos que han estado vinculados al ELN y cuales son sus rasgos biográficos generales?

- El primero y más importante fue el padre Camilo Torres, el segundo fue Domingo Laín y José Antonio Jiménez. Ellos eran dos sacerdotes de mi promoción que hacían equipo conmigo y que juntos vinimos a América y a Colombia, y nos vinculamos juntos también al Ejército de Liberación Nacional en aquel tiempo.
Domingo Laín nació en un pueblito de Zaragoza, en la región de Aragón. El pueblito se llama Panissa; de una familia muy pobre, campesina. A la edad de diez años marchó al seminario porque su familia era muy católica, muy trabajadora, profundamente honrada. Y por lo católica le inculcó desde niño tanto la religiosidad como la honradez y la compenetración y confraternidad con todos aquellos también pobres que eran sus hermanos. Yo creo que esas virtudes muy cultivadas desde niño, fueron las que le hicieron ir viviendo su vida de preparación al sacerdocio, pero al mismo tiempo su ligazón desde esa misma niñez, a los pobres, y al mismo tiempo de rechazo a la injusticia.
Domingo, después de que vivió varios años en el seminario de Zaragoza, él, en sus deseos de convivir siempre con los más pobres, fue a estudiar a Bélgica con los padres blancos, con la idea de ir, en principio, a África. Pero hubo una dificultad que tuvo para realizar ese sueño, es que los padres blancos vivían muy alejados de la realidad de los pobres, y rechazando de plano el que hubiera que luchar contra la injusticia. Eso hizo que Laín se saliera de ese seminario y se vinculara al grupo de sacerdotes que veníamos para América Latina.

Domingo Laín, José Antonio Jiménez y Manuel Pérez
Domingo Laín viene desde el primer momento a Colombia. Él estuvo como sacerdote en los barrios Meisen y Tunjuelito, dos barrios del sur de Bogotá, muy  pobres, y dentro de las condiciones características en que nosotros nos habíamos formado. Él vivía en su barrio, y al mismo tiempo  que cumplía todos los oficios de sacerdote con la comunidad, trabajaba como obrero para ganar el sustento de su vida. Eso hizo que fuera aprovechando una serie de condiciones en el acompañamiento a la gente de sus barrios, y que hubiera una serie de movilizaciones y de protestas en las cuales Domingo estaba presente. Al mismo tiempo era muy claro en la explicación de la palabra del Evangelio a su comunidad. De por qué la pobreza que ellos vivían no era porque Dios quería, sino por la injusticia social a que eran sometidos por la explotación de los ricos. Eso, lógicamente, trajo problemas con las comunidades eclesiásticas de Bogotá, las cuales le pidieron que mejor saliera de la Diócesis. En esa realidad nos reunimos Domingo, José Antonio y yo en la República Dominicana, para analizar qué hacer ante esa expulsión que le habían hecho las autoridades eclesiásticas a Domingo, cuando la ilusión de todos nosotros era venirnos para Colombia.
 

Afortunadamente estaba monseñor Isaza, que era arzobispo de Cartagena, quien estaba dispuesto a recibirnos, y habiendo hablado con él, decía que aunque fuera en los barrios más pobres. Y él decía que eran precisamente los barrios donde casi ningún sacerdote quería ir. Para nosotros era muy bueno que eso fuera así. De ahí que nos viniéramos juntos a Cartagena. Después de casi un año en Cartagena, ya en la vida de los tres es que somos expulsados. El último en ser expulsado por su actividad en el barrio fue precisamente Domingo (Laín). Él fue expulsado por su actividad en el barrio, pero finalmente por unas conferencias que pronunció durante la celebración de la Semana Santa en Bogotá. Después de que habíamos sido expulsados de Cartagena, él se fue a Bogotá y celebró una Semana Santa en la Universidad Nacional. Ese fue el último acto legal de su sacerdocio que realizó en Colombia. De ahí de la Universidad Nacional fue trasladado al aeropuerto y, expulsado, ahí sí, por las autoridades civiles.

Tomado de "Crucifijos- sotanas y fusiles".

Continua en unos días...




sábado 28 de enero de 2012

UPTC: Unidad y comBATE-MAN

El Movimiento Jaime Bateman Cayón,  le informa a la Comunidad Upetecista y al país:

1. Nos sumamos al rechazo del pueblo Boyacense y del pueblo colombiano en general por la venta de la Empresa de Energía de Boyacá, EBSA, a la compañía transnacional canadiense BCIF Holding Colombia S.A.S.

2. Condenamos la manera solapada y traicionera como el ex gobernador del departamento de Boyacá, José Rozo Millán (miembro del Neoliberal Partido Verde), entregó el 29 de diciembre de 2011 la EBSA, a espaldas de los trabajadores y del pueblo boyacense. Cabe a la perfección aquella frase del caudillo del pueblo Jorge Eliécer Gaitán: "Dolorosamente sabemos que en este país el gobierno tiene la metralla homicida para los hijos de la patria y la temblorosa rodilla en tierra ante el oro yanqui"… en este caso, el oro es canadiense.

3. Causa verdadera curiosidad y asombro, que el gobierno colombiano esté impulsando la candidatura del vicepresidente de la República, el “señor” Angelino Garzón ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT, y que el 60 % de los trabajadores de la EBSA vayan a quedar desempleados. ¡Vaya carta de presentación!

4. Exigimos, como lo hicimos en oportunidades anteriores de la manera más cordial, que el Rector Gustavo Álvarez, junto con el Consejo Superior y Académico, tomen en cuenta la voz de los elementos constitutivos de nuestra alma mater para la toma de decisiones de todo orden.

5. Somos conscientes de la importancia de las movilizaciones estudiantiles, amplias y argumentadas pero sobretodo beligerantes; porque se sigue demostrando, que aunque la sociedad ponga en alto su voz de protesta, si ésta no va acompañada de la fuerza, no se le escucha. Hacemos nuestras las palabras del compañero Andrés Almarales: “Lo que pasa, es que hasta lo simplemente legal, tenemos que conseguirlo con las armas en la mano”.

6. Reiteramos nuestro compromiso con la Educación Pública; estamos tomando el lugar que nos corresponde a los jóvenes: AL FRENTE Y COMBATIENDO. No seremos nosotros, la generación que vive, mientras la educación pública muere.

7. Nos solidarizamos con los miles de colombianos que han sido desalojados de sus casas por el Escuadrón Móvil Antidisturbios, ESMAD. Se demuestra, una vez más, que la fuerza pública en Colombia sólo defiende a los poderosos. Por todo lo anterior, convocamos a la comunidad upetecista en general, a sumarse a esta jornada de desobediencia consciente.

Los invitamos al Tropel, al comBATE-MAN, porque “cuando la marcha se pone dura, los duros se ponen en marcha”.


Nota:
1. Denunciamos la infiltración de grupos de policías encapuchados de la SIJÍN que atentaban contra las instalaciones de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, lanzando piedras y destruyendo los laboratorios de nuestra Álma Mater.

2. La violación descarada de los Derechos Humanos contra los estudiantes. La policía Nacional utiliza armas no convencionales, recalzadas, tuercas, puntillas, tornillos, cuchillas, para herir de muerte a quien esté protestando.



lunes 16 de enero de 2012

Relatos de la Violencia: Jaime Bateman Parte 3 Final

Jaime Bateman Cayón (Parte 3 de 3 Final)

"Recuerdo cuando mataron a Camilo..."


Vivía en una pensión situada en la calle veintisiete con carrera veintiseis, junto con mi hermana y Carlos Romero, entonces su marido, quien era dirigente de la Juventud Comunista. Hoy es vicepresidente del Concejo de Bogotá y miembro del P.C. (Partido Comunista). Me dediqué de lleno a la política. Ingresé a la JUCO en 1960 y le hice campaña a Alfonso López Michelsen. Tal vez él no me recuerde. Pero nos veíamos en las comidas, en las manifestaciones. Yo era de los que hablaba primero para atraer a la gente. Esa es la mecánica. Adelante mandan a unos tipos a que reúnan a la población. Luego llega el jefe y habla. Eché discursos en favor de López en muchos lugares: Ciénaga, Fundación, Aracataca... 

Tal vez fue allá donde se retiró del teatro, enfurecido, porque los comunistas habían hegemonizado la manifestación. Yo tenía un taller de screen con algunos compañeros. Quizás López no recuerde que contrató con nosotros la hechura, a mano de cien mil afiches. El me entregó el dinero... En los barrios de Bogotá también le hice campaña. Fueron muchos los sitios a donde lo acompañé. Pero él iba con su comitiva, en sus aviones, en sus carros y a nosotros nos tocaba comer carretera con el proletariado. Hacíamos manifestaciones inmensas en la Plaza de Bolívar. Generalmente yo estaba en la tribuna, a su lado. Pero ahí ya eran otros los que echaban los discursos. Villar Borda “El Conde”... ¡Cómo se llama ese tipo, hombre! “El Conde”, ése todo señorial, ése que hacía parte de la Dirección Liberal. Ese a quien acusaban de ser oligarca y que dijo una vez: “¡Más vale un oligarca al servicio de los pobres, que un pobre al servicio de los ricos!” 

Recuerdo también a la ex ministra de Trabajo, María Elena de Crovo. Me acuerdo de ella, la que soltó tantas lágrimas de cocodrilo cuando el entierro de José Raquel Mercado. De ella, la que bailaba tanto conmigo en las fiestas de la JUCO. 

Esa época era distinta a la de ahora. Acababa de triunfar la Revolución Cubana. Había más mística... Yo estuve preso cuando la CIA condujo la invasión a Playa Girón. Hicimos una manifestación monstruosa, de protesta, frente a la Embajada norteamericana. Nos allanaron la casa y me detuvieron. Permanecí unos días en unos calabozos que quedaban en la calle doce con la carrera cuarta. Entonces demandé al juez por daños y perjuicios. El se enfureció. 

Los pájaros disparándoles a las escopetas! —gritaba—. Era el juez veintitrés, recuerdo. Fue tal la rabia que le produjo mi demanda que me tuvo preso un tiempo más. Injustamente detenido por el sistema, ¿cierto? 

Con el fundador del Ejército Popular de Liberación, Pedro Vásquez, muerto en combate hace algunos años, formamos el grupo de choque de la JUCO. Les dábamos duro a los que, de noche, ponían avisos contra la Revolución Cubana. ¡Los cogíamos a cadenazos! Una vez, un miembro del Comité Central, borracho, comenzó a formar problema en una reunión. Le dimos con la cadena, obvio. Ya principiábamos a crearle dificultades al Partido. 

Jaime Bateman en la URSS
La JUCO me envió, entonces, a la Unión Soviética. Allá hice un curso de ciencias políticas. Yo me había inscrito en la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional en Bogotá. Pero me la pasaba haciendo política. Si quedaba algún tiempo libre iba al Café Lutecia a tomar tinto y a jugar ajedrez. Jamás estudiaba. Pero leía mucho. Sólo lo que interesaba, obvio: Jorge Amado, Luis Carlos Prestes, Máximo Gorki.... En la Unión Soviética sí me tocó estudiar. Tuve que leer todas las obras de Lenin, muchas de Marx (El Capital, apenas mordisqueadito), algunas de Hegel, de cuanta mierda... Cuando terminé el curso ingresé al hospital ¡Eso fue un lío! Como yo era tan flaco, prácticamente no había lugar de donde me pudieran sacar la carne que necesitaba para hacerme los injertos en la pierna. ¡Esa maldita pierna! me molesta desde que tengo once años. Me la fracturé y el médico en Barranquilla, de bruto, me puso el yeso directamente sobre la herida. La pierna se iba gangrenando. Casi tienen que cortármela. En el hospital permanecí ocho meses. Estaba en un pabellón donde había muchos marineros. Con ellos aprendí a hablar ruso como chocoano. En Moscú había también varios brasileros. Me enseñaron a bailar zamba y a putear en portugués. ¡Hasta era divertido! Pero me aburrí en la Unión Soviética y regresé en 1962. Quizás fue en 1963. No estoy seguro. Claro que a mí no me gusta mencionar que estuve allá porque eso desprestigia. En serio. No se ría. ¡Desprestigia berracamente! 

Camilo Torres Restrepo en la Universidad Nacional
Llegué a Bogotá en la época de Camilo Torres. Viví intensamente ese período de su movimiento estudiantil. Yo era el responsable de la JUCO en Bogotá y, como tal, participaba en el movimiento. Conocí a toda la gente de la Federación de Universidades. En esa época el presidente de la FUN (Federación Universitaria Nacional) era Julio César Cortés. Primero lo sucedió Armando Correa, quien murió en el Ejército de Liberación Nacional y, luego, Jorge Posada. Yo no estuve tan cerca de Camilo como Julio César Cortés o Jaime Arenas. Pero sí lo conocí mucho. Lo defendía. A mí me hirieron durante una manifestación que hizo Camilo en Bogotá. Un tipo quería acercársele y me dio un golpe que me partió la mano. Había mucha pugna entre los distintos grupos por estar a su lado. Todo el mundo lo rodeaba. 

Pintura de Camilo Torres Restrepo
Pero recuerdo la primera reunión que él cito para hacer un llamamiento popular. López Michelsen, María Elena de Crovo, María Arango, muchos estábamos presentes. Camilo comenzó a hablar y todos se fueron retirando. Nos quedamos solos, con él, María Arango y yo. Le aconsejamos que hiciera algo más premeditado, más serio, menos infantil que lo que entonces decía: ¡era algo así como hacer una manifestación en la plaza de Bolívar y luego tomarse el poder! Pero después empezó su actividad en la Universidad, mucho más vigorosa. Comenzó a enfrentarse a la multitud, y la gente empezó a participar. 

Camilo en la guerrilla
Camilo hablaba sin tapujos, con sinceridad, sin pendejadas, con sencillez... Su discurso era muy elemental. La gente lo entendía. Además, era de una gran amplitud. Para nosotros, ésa fue la más importante de sus enseñanzas: ésa, la de que en este país la revolución tiene que ser popular; ésa, la de que hay que hacerla con todo el mundo, sin discriminaciones. El planteamiento de Camilo no era socialista, tampoco era comunista. Era popular, democrático, antioligárquico, antiimperialista... Y el Ejército de Liberación Nacional, en esa época, representaba mucho esa corriente. (Fue posteriormente, cuando el ELN estaba ya muy golpeado, que se radicalizó). Esa discusión, la de si Camilo ha debido irse a o no a la guerrilla, ¡es tontería! Todo es tan relativo... Seguro no escogió bien el momento... Ellos habían llegado a una conclusión falsa: la de que ya se les había cerrado el camino de la legalidad. Y, realmente, lo que nosotros veíamos era que a las manifestaciones de Camilo salía mucho la gente. ¡Claro que siempre había problemas con la policía! Pero se estaban haciendo movilizaciones de masas... 

Recuerdo cuando mataron a Camilo. Meses antes, yo iba a reemplazar a Manuel Cepeda en la Secretaría General de la JUCO. Pero fue Carlos Romero quien lo sustituyó. A mí, el monte me llamó más la atención. Me fui para la guerrilla. Ingresé a las FARC. 

Recuerdo cuando mataron a Camilo... 

Su muerte me produjo ira y tristeza. Sí, mucha tristeza... Quizás en mi vida nunca he estado tan triste como cuando murió Camilo. No acostumbro llorar. No me gusta... Jamás lloro. Pero sí, cuando mataron a Camilo, tal vez lloré... No sé, no me acuerdo bien... Era el estado del llanto en todo caso... 

Recuerdo cuando mataron a Camilo...

Con su muerte, como con la de Gaitán, el país sufrió otra enorme frustración... Con su muerte, como con la de Gaitán, al pueblo se le cerró otra puerta... Con su muerte, como con la de Gaitán, a los pobres se les esfumó otra esperanza... 

Recuerdo cuando mataron a Camilo...

 


Tomado de "Siembra Vientos y Recogerás Tempestades" de Patricia Lara.

Otras Publicaciones:


Jaime Bateman Parte 1 "A Gaitán lo asesinó la oligarquía"


Jaime Bateman parte 2 "Nos enfrentamos a la dictadura"

domingo 15 de enero de 2012

Relatos de la Violencia: Jaime Bateman Parte 2 : Yo era muy necio

Jaime Bateman Cayón (Parte 2 de 3)

"Nos enfrentamos a la Dictadura"



Jaime Bateman (Silla) en su primera Comunión
Recuerdo la época de Rojas Pinilla. En 1953, cuando tomó el poder, yo tenía trece años. Mi familia era liberal. Como había caído el presidente conservador Laureano Gómez, mis padres estaban felices. También yo, obvio. Entonces, no teníamos comodidades especiales. Nunca las tuvimos. Pero vivíamos bien. Nuestra casa quedaba en la Calle del Río. Su fachada era blanca. Su dueña había resuelto pintarla por dentro de verde aguamarina. Mi cuarto quedaba más allá del patio, tras los árboles, junto a la cocina. Detrás de la paredilla blanca vivía Salvadorcito. Joaquín Bohórquez, el viceministro de Hacienda del gobierno de López, vivía del otro lado. Cerca quedaba el Gimnasio Santa Marta. El samario de la televisión, Franky Linero, estudiaba conmigo. El banquero internacional, José Ochoa, también fue compañero mío. Me acuerdo de él porque hablaba muy bien inglés, era muy bueno para las matemáticas y jamás iba a comer burra con nosotros. ¡Es que... no parecía costeño! 

A mí me marcó el viejo Núñez, rector del Gimnasio Santa Marta, hecho a imagen y semejanza del Gimnasio Moderno. Dos veces me expulsó por echar en el suelo desbarata baile, esa hoja jugosa que despide un olor espantoso cuando uno la pisa. ¡Yo era muy necio! Hacía avioncitos de papel y los echaba a volar en plena clase. Era inquieto. No estudiaba. Pero me iba bien. Mi mamá decía que el viejo Núñez se condolía de ella porque vendía quesos, leche, de cuanta mierda, para costear la educación de sus hijos. El sueldo que ganaba mi papá no nos alcanzaba. Por eso, decía mi mamá, al viejo Núñez le daba lástima y me volvía a recibir luego de que me botaba. 

Jaime Bateman y su "bendita pierna"
Yo era tesorero de la Legión de María. Un día la jefa se fue y nos bebimos la plata de la Legión. Tomábamos mucho ron caña, el más barato. ¡En Santa Marta, alguien tiene que acordarse de mí en las parrandas! Me decían El Fundidor. Sacaba a bailar a las peladas y solamente las soltaba cuando se fundían de cansancio. En los carnavales tocaba tambor. Lo hacía para conseguir trago más que todo. Las parrandas, sabrosas, las cumbiambas... Yo participa en las cumbiambas tocando la hembra, el tambor que llama. Otro tocaba el macho, otro la rasca, otra la tambora, especie de bombo. Otro el guache, ese tarro de aluminio que tiene pepitas adentro. Y así recorríamos las calles disfrazados, cubiertos por los capuchones, tocando tambor, cantando, bailando, bebiendo ron. ¡Y se formaban las peleas! Siempre he sido violento cuando me emborracho, peligroso. Por lo general, las fiestas acababan en puños. Los bailes, sabrosos, los boleros... Era la época de Daniel Santos, de Beny Moré, del Casino de la Playa, de Alberto Beltrán, de Pacho Galán, de Bienveni¬do Granda... Me encantaba bailar. Me fascina. Salsa es lo que mejor bailo. Yo iba mucho a esos bares de la Costa en donde los hombres, solos, bailan la charanga. Y tiraba mucho paso. ¡Sí, bastante! Cuando no bailábamos íbamos a los billares Panamericana. Quedaban en la Calle San Vicente del Cangrejal. Todavía existen. Me encantaba el billar. Me fascina. Me gusta tanto como la pachanga y tanto como el mar. En el mar me la pasaba... Del colegio nos escapábamos para ir a bañarnos desnudos en la bahía. Era buen nadador. Fui campeón de natación. Campeón en todos los estilos. Sólo perdí una competen¬cia. ¡Era que ese día estaba enguayabado! 
Pues sí, yo vivía en el mar... Buceaba moneditas que los gringos me tiraban desde el muelle. Recorríamos la bahía en cayucos. Se los alquilábamos a un viejo pescador que habitaba en el barrio Ancón. Felicidad, le decíamos. Siempre estaba alegre... Ese barrio de pescadores no existe ya. En su lugar está ahora el Puerto. Dos pesos con cincuenta valía el alquiler del cayuco: de ocho de la mañana a tres de la tarde. Ibamos al Morro o a Taganga. Siempre quería llegar lejos. Pero mi amigo le temía al mar. Y eso me daba mucha rabia. Entonces, meneaba el cayuco hasta que se mareaba y lo ponía a llorar. Y lo hacía pedir perdón. Sólo así regresábamos. ¡Pobre! Siempre llegábamos un poco antes que el atardecer. 

Por las noches, íbamos al Bar Avenida. Recuerdo sus paredes amarillentas, sus mesas con manteles a cuadros rojos, su piano... La música salía del traganíquel, generalmente. A veces tocaba alguna orquesta. Bebíamos lo que pudiéramos pagar: Nevada, Anís Río de Oro o Ron Caña. Nos servían las meseras... Cuando teníamos plata, nos las llevábamos para cualquier pensión de mala muerte. A veces, dormíamos en el Hotel San Carlos. Era de madera. Afuera tronaba el ferrocarril. La noche valía cinco barras. Las meseras cobraban cincuenta por una noche entera y veinte por un ratico. Rara vez teníamos dinero. Entonces se formaban las peleas. Y todo terminaba en trompadas. 

Ya en esa época me habían expulsado definitivamente del Gimnasio Santa Marta. Me botó el cura que enseñaba Historia Sagrada. Se enfureció un día que le dije que por qué no nos contaba otro cuento... Poco fue lo que aprendí en ese colegio: ortografía, lectura y redacción. No más. Luego fui redoblante en la banda de guerra del Liceo Celedón. El ambiente del Liceo era muy popular. ¡Fue ahí donde se crearon los elementos de una rebeldía muy berraca! 

Nos enfrentamos a la dictadura. Cursaba cuarto o quinto de bachillerato. En esos días, mayo de 1957, cuando cayó Rojas Pinilla, tenía diecisiete años. Yo participé intensamente en la lucha contra Rojas. Encabezaba las manifestaciones. Tiraba piedra. Me mezclaba con la gente. Echaba discursos. Agitaba. Así hice mis primeros trotes en la rebeldía. Empecé mi vida política luchando al lado de la burguesía. Nuestra consigna era muy burguesa: “¡Lleras, Lleras, libertad, libertad!”. Eso era lo que gritábamos. ¡Pero con Lleras, de 1957 en adelante, no pasó un carajo! Entonces le dimos la espalda a la burguesía. Eramos varios. Me acuerdo de Félix Vega y de Pedro Bonnet, hoy brazo derecho de uno de los principales oligarcas colombianos, Julio Mario Santodomingo. 

Del Liceo Celedón me expulsaron también por revoltoso. Hacía huelgas. Protestaba contra los profesores injustos... Una vez arrastramos a un profesor en calzoncillos por todo el colegio. Nos había puesto cero a todos. Y eso era injusto. Cuando terminé quinto, el rector del Liceo, Alfredo Almenares, me botó por ser el abandera¬do de las manifestaciones contra el profesor Montero, un tipo a quien debíamos aguantarnos a pesar de que el estudiantado no lo quería. Entonces, vine a Bogotá a cursar sexto de bachillerato. Me matriculé en el Colegio Interamericano.

En Bogotá...

(Continúa en unos días...)




martes 10 de enero de 2012

Relatos de la Violencia: Jaime Bateman "A Gaitán lo asesinó la oligarquía"

Jaime Bateman Cayón (Parte 1 de 3)
"A Gaitán lo asesinó la oligarquía"


Carlos Bateman, Jaime Bateman (Centro) y Matilde Bateman
Cuando mataron a Gaitán el Ejército llegó a mi casa. Mi papá trabajaba en Telecom. La gente enfurecida por el asesinato de su líder, iba a destruir las instalaciones de la Empresa de Telecomunicaciones del Gobierno. Y llegó el Ejército... Los soldados vivieron en mi casa durante dos meses. El Gobierno los había abandonado. Nadie les enviaba ropa ni comida. Sudaban. No soportaban el calor de Santa Marta. Eran de Boyacá, de la montaña. En los alrededores de mi casa había ciruelos. Les bajaba las frutas. Eso era lo que comían. ¡Pobres soldaditos! 


Clementina Cayón,
Madre de Bateman.
Dos semanas después del nueve de abril cumpliría ocho años. Entonces, ya sabía yo quién era Gaitán. En mi casa se discutía mucho de política. Mi mamá ha sido activista liberal toda su vida. Desde pequeño me interesé por Gaitán. Lo oía... Me impresionó mucho su muerte. 

A Gaitán lo asesinó la oligarquía. Y lo mató porque él quería instaurar la democracia. Gaitán había logrado revivir el movimiento popular, el cual estaba adquiriendo dimensiones impredecibles. Y eso amenazaba los intereses de la oligarquía conservadora que detentaba entonces el poder. Gaitán despertó en el pueblo expectativas de triunfo. Le enseñó que, un día, el poder de los pobres triunfaría sobre el poder de los ricos... Y así iba a ocurrir... Por eso lo mataron... Por eso el Gobierno de Ospina Pérez ahogó el movimiento de masas. Por eso armó su policía política. Por eso desalojaron a los campesinos de sus tierras. Por eso se empuñaron las armas. Por eso murieron trescientos mil colombianos... Por eso han seguido muriendo... Por eso morirán otros... Por eso, quizás, moriremos nosotros... Porque en este país no hay democracia. Porque aquí la democracia tendremos que conquistarla con las armas. 

Y en ese momento, cuando asesinaron a Gaitán, la respuesta popular fue violenta. Y así tenía que ser. Pero fue una respuesta desorgani¬zada. Los jefes liberales no se colocaron a la cabeza de la insurrección. No derrocaron al Gobierno que estaba asesinando al pueblo liberal. No fueron capaces de responderle a la masa que los apoyaba entonces. ¡Pero es que ellos no podían hacerlo! De haberle respondido, hubieran atentado contra los intereses de su clase. Hubieran colaborado con el triunfo de los pobres, del pueblo. Y al día siguiente del asesinato de Gaitán, cuando las casas incendiadas humeaban todavía, cuando la gente, a la deriva, había ahogado en alcohol su desconcierto, Darío Echandía, amigo personal y político de Gaitán, era el nuevo ministro de Gobierno. Y se intensificó la violencia. Y fue una violencia inducida desde arriba, como decía Camilo. ¡Este tema se ha analizado tanto! Pero creo que cuando el pueblo liberal se mata con el pueblo conservador es porque hay algo detrás. ¡Y no eran los oligarcas los que se mataban! Eran los humildes. ¡Y no era el pueblo el que incitaba a la violencia! Eran los de arriba. Sospechosa maniobra, ¿cierto? El sectarismo los ayudaba a conseguir adeptos, a conseguir tierras. Ahí están las cifras que demuestran cómo, durante ese período, cambió en Colombia la tenencia de la tierra a una velocidad vertiginosa. Cientos de miles de campesinos fueron despojados de sus tierras. Cientos de miles fueron asesinados. Cientos de miles... Es que esta oligarquía es capaz de recurrir a cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder. Y recurrió a la violencia... 

Laureano Gómez y Alberto Lleras.
Pero esa violencia iba a salírseles de las manos. Iba a conducir a otra solución. Por eso tenían que detenerla. Y cuando Rojas Pinilla dio el golpe militar, cundió el júbilo entre la oligarquía liberal. Y el ex presidente Santos brindó con champaña en su casa de París. Pero Rojas comenzó a darle cosas a la gente, cosas... Eso puede ser populismo, lo que se quiera, pero la gente se acuerda de las cosas, las cosas. Y el pueblo lo que más recuerda del Gobierno de Rojas fue lo que hizo su hija María Eugenia. Ella les repartía alimentos a los pobres, ropa, les regalaba en Navidad juguetes a los niños, ayudaba a los ancianos. Eso no iba a cambiar la estructura del Estado, obvio. Pero era mucho más fácil de palpar que lo que habían hecho otros gobiernos. Y la oligarquía le retiró su apoyo a Rojas. Rojas se dio cuenta, entonces, de que necesitaba el apoyo de un partido político diferente del liberal y del conservador. El iba ya hacia la conformación de lo que fue poste¬riormente la ANAPO: un tercer partido destinado a romper la hegemonía de los otros dos, hegemonía oligárquica, plutocrática, que no estaba respaldada por el pueblo liberal ni tampoco por el conservador, hegemonía de un sector muy reducido, muy cerrado de la sociedad colombiana, hegemonía de siempre... 

El General Rojas Pinilla al centro.
Y la oligarquía liberal y la oligarquía conservadora se sintieron entonces viudas del poder. Y se unieron con una facilidad increíble. Y organizaron el derrocamiento de Rojas Pinilla. Y pactaron la alternación en el poder: el Frente Nacional. Y el Partido Liberal y el Partido Conservador se repartieron el poder por la mitad. Y saciaron así sus apetitos burocráticos. Y apren¬dieron a gobernar unidos. Y creyeron haber descubierto la fórmula para reinar por los siglos de los siglos... 



Y decretaron el silencio... 

Nuestra casa quedaba detrás del mar. Era grande. La rodeaban prados y campos de golf. Pero no era nuestra. Pertenecía a la United Fruit Company. Estaba dentro de “El Prado”, la ciudadela de los gringos. Nosotros no podíamos jugar golf en sus campos, ni bañarnos en sus piscinas, ni bailar en sus clubes. Eso sólo podían hacerlo ellos. Los gringos comían mejor que nosotros. A nosotros nos daban la misma comida que a sus perros. 

Igual ocurría antes, cuando vivíamos en Guacamayal, un pueblo de la zona bananera. Mi papá era secretario de la Compañía Agrícola del Magdalena. En Sevilla, una aldea próspera y cercana, vivían los gringos. En Guacamayal vivíamos nosotros. Ellos tenían clubes, piscinas, teatros. Pero allá tampoco podíamos ir. Permanecíamos entonces en nuestra casa blanca de puertas y ventanas verdes. 

Para llegar al inodoro, un cajón a la intemperie, había que atravesar un patio lleno de palmas de coco, de cauchos y de almendros. En el mismo lugar vive hoy el dentista de ese pueblo polvoriento. Allá, los huecos de las muelas siguen emparejándose con su fresa de pedal implacable. Como hoy, también antes desfilaba por el frente de la casa la burra que arrastraba el acueducto del pueblo: una caneca de lata oxidada colocada horizontalmente sobre dos horquetas rematadas por ruedas. Al otro extremo de la caneca, un orificio tapado por un frasco de jarabe para la tos servía de grifo: cuando las señoras se acercaban con sus calderos viejos para llenarlos de agua comprada, el hombre retiraba el frasco, y el chorro oscuro de agua extraída del río que hoy todavía corre enfrente de la antigua casa brotaba entonces. Es el río Guacamayal. Todos los días, a las cuatro de la tarde, el tren lo atravesaba por ese puente que yo veía enorme. En sus orillas permanecía horas enteras... No me cansaba de mirar cómo se abombaban por encima del agua los vestidos de las lavanderas que se hundían mientras golpeaban la ropa espumosa con sus manducos largos, planos, de madera. Luego desfilaban por el frente de mi casa sosteniendo con las manos, sobre sus cabezas, las bateas llenas de ropa limpia. Sus vestidos empapados se pegaban a sus cuerpos de mujer.

Recuerdo la época de Rojas Pinilla...

(Continúa en unos días...)

Tomado de "Siembra Vientos y Recogerás Tempestades" de Patricia Lara.


Otras Publicaciones:

Julián Conrado le escribe al Mov. Jaime Bateman:
http://movimientojaimebatemancayon.blogspot.com/2011/12/carta-de-julian-conrado-al-movimiento.html


El lápiz del estudiante:

Los malvados no cantan: