Movimiento Jaime Bateman Cayon: mujer

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miércoles, 9 de marzo de 2011

¡Oe! compas, Orozco no es el MAN

Después de “Alicia en el país de las maravillas, “Blanca Nieves y los 7 enanitos”, llega el “Sensacional Mundo de Juan Carlos Orozco”. Aquí todo puede ser posible, desde predecir el tropel con los sueños de su abuelita, realizar carteles en donde insulta la inteligencia de todos los estudiantes con su campaña ¡yo acuso!... hasta regalar la comida del estudiantado a fundaciones “desamparadas” como la Francisca Radke.

En esta -su nueva historia- salida de su gran imaginación, una vez más quienes vivimos en la realidad tenemos que sufrir sus locuras, sus premociones, seguramente todos los días después de ver novelas, se acuesta y sueña cómo manejar esta universidad. Se soñará “batiendo el chocolate” de una cafetería privada. Y si no aprovechamos el espacio del restaurante -que aún es público- la solución de Orozco “el imaginario” será de nuevo privatizar. Con eso nos tiene amenazados para el próximo semestre…


¡Pille llave! El asunto es más sencillo de lo que parece: “Los empleados de la cafetería son unos ladrones”, eso piensa él, que por una arepa o un vaso desechable que no aparecía en el inventario la universidad se iba a quebrar, no es por el sueldo descomunal que “gana” él, o el de los decanos, o el de uno de sus vasallos, como la refinada vicerrectora administrativa, quien ahora vigila que en el restaurante ni una sopa se pierda.

¿Y quiénes son las y los más humillados en todo esto? Usted, nosotros, las señoras y los señores que allí trabajan, aquellos que en el futuro van a tener que pagar en sus matrículas el arriendo de un salón o el ingreso al “campus” (eso del campus es para darnos mediano estatus).

Que sigan pensando que somos pendejos, que sigan pensando en ver una larga fila de gente presentando un carnet a un desconocido, que sigan pensando que somos una minoría “vandálica y muerta de hambre”, eso, que sigan en su mundo imaginario, mientras nosotros en el mundo real estamos conspirando y actuando, estamos preparándonos para asestar golpes certeros, en donde más les duela.


Tenemos un compromiso histórico con nuestro país, con nuestra generación, con nuestro mundo y no nos vamos a quedar atrás. Aquí estamos, firmes, más que antes, para tomar iniciativas, para decir y hacer lo que se nos exige, porque la clandestinidad nos trae problemas, pero también nos trae ventajas.


Finalmente, los celulares, en medio de la alienación que causan, tienen que servir pa’ algo, por eso los invitamos a comunicarse al 300 815 95 91 y preguntarle al fantasioso de Orozco ¿qué predice su abuelita en respecto a la Universidad?

Muchas gracias, l@s queremos mucho.

Universidad Pedagógica Nacional
Marzo 8 de 2011, Día Internacional de la Mujer Revolucionaria
En actividad conjunta con ORN, MSP y MR-UP

domingo, 5 de septiembre de 2010

Escrito frente a mi primera salida (tropel en la UD el 13 de mayo de 2010).


Ya me he cambiado, veo pasar todos mis anhelos en cada latido de este corazón, de pronto me siento parte de un todo, me senté pensando en qué seria del primer día del resto de mi vida, estaba preguntándome como iba a ser, estaba muy feliz, era la primera vez, estaba viéndome en los mismo videos que conocía de sobra, estaba viéndome pero esta vez no desde la silla del teatro de mi propia vida, sino al espejo de la existencia.
Recuerdo que un compañero estaba hablando con alguien, preguntando quién estaba ubicado haciendo algunas cosas, luego él estaba caminando con dos de nosotros como el maestro de ceremonia del camino por un sueño, nosotros solo pensábamos en quienes seriamos aquel día… cuando él estaba hablando con alguien más, yo decidí irme a sentar en una parte del anden del parqueadero aquel, estaba muy pensativa y sorprendida ya que fue una bienvenida muy curiosa pues se suponía que era una salida normal y no un tropel de 4 horas. Entonces alguien se me acerco y me dijo una frase que jamás olvidare ni tampoco a quien me la dijo “tranquila compita que hoy ganamos nosotros” el corazón se me deshizo. Fue suficiente para entender que era allí donde debía estar, que aunque sintiera que era una extraña, éramos todos quizás sin vernos a la cara los mismos, los que anhelamos el mismo sueño, los que disimulamos con excusas esta realidad incontable, mientras en el fondo nos reímos al escuchar luego como otros comentan, alegrándonos de saber que ese sueño cada vez más cercano es por el cual estamos luchando, los que nos reímos cuando otros ríen junto a nosotros y los que aprendemos que finalmente los ojos si terminan siendo la ventana del alma, que nuestros ojos son lo único que nunca podrá esconderse… por allí se nos sale hasta la identidad.
Mientras esperábamos a que llegara la querida tanqueta, la famosa “tomba”, la gente decidía si irse de parte de los llamados centro, o quedarse a darle la juega. Observaba como la gente nos miraba, como la gente comentaba entre ella, algunos emocionados al ver que era lo que sucedería aquella tarde. Estábamos allí, ya las puertas estaban bien tapaditas, y sin más preámbulo en un respiro ciego cayo del cielo como un endemoniado el primer gas, descubrí que tienen trayectoria en zig zag como si quisiera decirnos que no quieren caer. Yo salí a correr, fue lo primero que se me ocurrió, todo pasó muy rápido, y luego una de las grandes recomendaciones fue que mirara arriba para ver donde iba a caer y me ubicara de tal modo que el viento estuviera a mi favor, me reí un poco… yo que había salido a correr sin limite….
Recibí algunas cosas para enviarles a los queridos pueblerinos que decidieron venderse por unos pesos y entregarse a la soledad, porque se bien que más de uno de ellos quisiera estar de nuestro lado teniendo la cara de trapo y no de violencia y plástico. Ya se aproximaba la otra tanqueta, estábamos en el parqueadero y todos fuimos a amedrentarla, todas las piedras enviadas están rasguñadas por los desaparecidos, los innombrables y los que nadie olvida, pero en ocasiones tampoco nombran. Esos que se ha llevado este régimen de mierda, de sangre e injusticia.
Cuando el aire se volvió turbio, ardía mucho y de pronto entendí además de todo, porque es que los que vamos con la revolución queremos tanto a la tierra, con todo y pasto ¡bendito sea!, todos llorábamos pero no por los gases, no por el aire turbio, llorábamos por la miseria de este país, llorábamos por el engaño, llorábamos porque se nos va el alma cada vez que de luchar se trata. Ese es el secreto más grande compa, lloramos por este pueblo.
Y allí empieza la especialidad de todos nosotros, el fondo blanco pero apunta de vinagre. Más allá de tener que correr en ciertas ocasiones con los ojos cerrados, mirar cara a cara la tierra por la que al igual también se lucha, correr donde otros compañeros para ver como andan, es ese sueño el que nos deja de un lado lo que somos rutinariamente ante los ojos de todo este juego macabro, de todo este gran aparato ideológico de estado, detrás de este gran circo, donde nos disfrazamos de aves pero nos convertimos en águilas cuando de sacar la cara se trata, aunque no sea tan literal aquello de sacar la cara. Es que mas allá de todo somos iguales, nos vemos iguales, porque no se trata de ver a alguien por su apariencia, por su ropa, si no por lo que hace, por su consecuencia innata y por lo que es de corazón, más allá de cualquier apariencia. Por eso todos nos vemos iguales a la hora de la acción, por que es así como realmente somos cuando se unifica nuestro sueño de libertad. Esa conexión entre todos no se ve en ningún otro lado, y espero que con el paso de los años nunca se desvanezca porque esto no es un compromiso individual, ni un yo y el de al lado, ¡no! Esto es un nosotros, un todos para nosotros, los que estamos aquí y los que tienen ojos ¡así los tengan vendados!
Más allá de los inconvenientes negros del asunto, más allá de los vericuetos y oprobios llegamos esa tarde, llegamos a la anunciada victoria con que se inicio todo. Ojala al fin fuera la victoria total, la victoria radical de este sendero, pero no, cuando nos quitamos la igualdad que teníamos puesta y los ojos se vuelven a sumar al resto de nuestros diferenciados cuerpos, volvemos a ver todo Colombia, un tantico mas arreglada ya que algunos mas han quemado la venda de su mirada en la hoguera para apaciguar el aire turbio, algunos han bañado los engaños del sistemas con esos chorros enormes.
Mas allá de todo, mas allá de los baches, mas allá de la vehemencia y más allá del silencio y el miedo, nos encontramos con nuestros sueños en común, con nuestros ojos que se miran en silencio unos a otros, con nuestras miradas sorprendidas, con nuestras lagrimas, con nuestras risas que se reflejan, con nuestra lucha por este camino.
¿Prometimos seguir cuando todo se pusiera feo? ¿Prometimos huir cuando el tiempo ya no fuera tiempo y el correr se hiciera efímero? ¿Prometimos olvidar? ¿Dónde se nos queda la esperanza cuando el agua nos llega al cuello? ¿Dónde nos queda la vida cuando nos apremia el enemigo en suerte mirando fijo a la cara? El silencio se escucha, los gritos se transforman en las vibraciones de un corazón, dicen que ser de nuevo es recordar el principio, recordar el sueño cada día, recordar la esperanza con la que partimos, recordar como empezamos, recordar lo que queremos, recordar tanto tanto hasta que nos hagamos invisibles y cuando menos pensemos ya estemos en la cima, que a pesar de los golpes, y si esta vida nos separa, en el alma ya esta tallada cada letra de la revolución junto a cada uno de sus nombres, del nombre, de nuestros nombres, y en pie de lucha esperando esta victoria que se avecina diremos a una sola voz que la lucha:
Pues se queda, se queda ¡se queda! Definitivamente ha sido el mejor tiempo de mi vida, ¡bella ciao!, uno más que se une a esta revolución y a este triunfo anticipado.

Irma
Comando Armas del Cantón Norte
22 de agosto de 2010

viernes, 12 de marzo de 2010

MUJER: LA PASIÓN ES EL MOTOR DE LA VIDA



En un mundo aparentemente diseñado para el sexo masculino ha sido difícil- pero no imposible, ser mujer pues por siglos hemos sido ultrajadas, han intentado “inferiorizarnos” y rechazarnos, como en la Grecia de Platón y Aristóteles, donde ser mujer no era, desde luego, algo deseable. Teníamos el mismo estatus social que los esclavos, es decir, que tampoco teníamos derechos cívicos (por lo menos escritos, el papel aguanta todo hasta una constitución que adorna un país como el nuestro), ni participación política (ahora somos ignoradas por igual que los hombres pobres); hemos sido relegadas simplemente a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, asumiéndolas como responsabilidades fundamentales de las mujeres. Pero lo anterior ha reducido nuestro campo de acción en la sociedad capitalista, a una cocina o a una casa… esas tareas son importantes pero no es buena educación para nuestros hermanos, primos o hijos ver a su madre o hermana esclavizada porque es un círculo vicioso.
Esas tareas no pueden ser todo en nosotras, porque muchas veces se desconocer la mayoría de cualidades y fortalezas que poseemos, otras veces las minimizan con la idea estúpida del “sexo débil” que se configura como un arma para dividirnos a las mujeres y a los hombres.
¿Sexo débil? ¿Acaso dar a luz es algo fácil? ¿Acaso sacar adelante hijos –muchas veces sin los padres- es fácil? ¿Acaso en la historia nacional y mundial no han dejado sus huellas muchas mujeres que lucharon? ¡No es fácil ni siquiera mantener en orden una casa! ¡Así que a nosotras no nos vengan con cuentos chinos! Pero no siendo suficiente nos “clasifican” en buenas o malas mujeres, en juiciosas y casquivanas, mojigatas o libertinas, dependiendo de cómo quieren que pensemos y actuemos. Sin embargo esa retahíla de estupideces que se han tejido alrededor de lo que “socialmente debemos ser” las mujeres, somos amor, tranquilidad, ¡verraquera! Alegría, fortaleza, esperanza; además poseemos una sensibilidad inagotable, tal vez por aquel instinto maternal con el que nacemos y que se despierta en determinados momentos, por ello tenemos una conexión especial con las demás personas. ¡Ah! Y como buen complemento tenemos la habilidad especial de “usar” en el momento indicado aquellos encantos naturales y de adaptarnos perfectamente a cualquier situación; por eso y muchísimo más no podemos ser vistas solamente como abnegadas amas de casa.
En cada proceso emancipador la mujer ha estado presente; así nos lo ha demostrado la historia. En la revolución mexicana de 1910, las mujeres tomaron partido frente al machismo imperante en una sociedad como esa, en la que aún hoy todavía hay expresiones de esa “manera de ver el mundo”. Por otro lado, en la Isla, Cuba; primer territorio libre de América, las mujeres representaron un gran papel, que al final, evidenció un avance en la emancipación femenina, y de ahí que se pueda hablar de una “revolución dentro de la revolución”, como el mismo Fidel la definiera en su día. En Nicaragua, las mujeres participaron en la lucha contra Somoza durante la revolución Sandinista, al interior de aquel ejército era una tradición la participación de la mujer, inclusive esa participación fue mayoritaria por parte de las mujeres. En el viejo continente, en aquel Mayo del 68 —para citar otro ejemplo— las mujeres participaron activamente reclamando sus derechos de igualdad frente a los hombres. De este modo, se ha logrado obtener conquistas pero el problema radica en que no se han valorado lo suficiente, ni siquiera por nosotras mismas pues hemos dejado en el olvido nuestras propias hazañas; así pasamos de esclavas a princesitas, a ser objeto decorativo de esta sociedad, a ser unas “consumidoras compulsivas” de moda, cosméticos, gimnasios…
¡Entonces no somos tan pendejas y tan decorativas como piensan! Hemos dejado huella en la historia por guerreras, verracas, “paradas”. Hemos soñado, al igual que hombres, un mundo, un país y una sociedad mejor, incluyente, justa, igualitaria y realmente democrática, sin importar lo desacreditada que esté esa palabra, porque nosotros sí sabemos que la democracia es más que un voto. La democracia es que a todos nos toque un pedacito de mundo, que los niños no se mueran de hambre, educación, salud y trabajo para todos… y no esa desigualdad tan grande…
Es así como en Colombia hubo (y hay) mujeres que cambiaron la cocina por la montaña, y la plancha por el fusil, como en el caso de las compañeras del Movimiento 19 de Abril (M-19), donde desempeñaron un papel fundamental en la formación y consolidación de esa organización guerrillera. Inicialmente ellas tenían el tiempo para su vida “normal” en la casa y para hacer la revolución, pero con el crecimiento de la organización se requirió de más tiempo y compromiso, se vieron enfrentadas entre lo que socialmente se espera de una mujer y su convicción por cambiar las cosas. Desde luego se decidieron por la segunda, tomaron como prioridad la búsqueda incansable de la transformación de esta patria, que necesita cambios sustanciales… lo hicieron al lado de sus compañeros.
El M-19 como organización político-militar a diferencia de otras organizaciones abrió la puerta a la participación femenina en los cargos de dirección, aunque no fue del todo fácil porque no faltó (y falta) el compañero machista, que tiene aún ese pensamiento anquilosado, ese que no se deja mandar de una mujer… pero ellas se llenaban de paciencia, carácter y disciplina y con el ejemplo de su lucha fueron recibiendo el respeto que merecían.
Fue así como en la historia de Eme y aún en la memoria del país viven: La Chiqui, es mujer que no superaba los 1.60 cms y con una voluntad inquebrantable, una capacidad especial para comunicarse con la gente, poner a orinarse del susto a los negociadores del gobierno en la toma de la Embajada Dominicana; una maestra que padecía una molestia en su columna que representaba una dificultad para su vida en la lucha guerrillera, pero que no se rindió ni se limitó, todo por el amor y la pasión que sentía por el cambio para los niños que tanto amaba. Y fue así, pensando en los niños y luchando por ellos como murió.
María Eugenia Vásquez, “la negra”, una mujer irreverente, que durante toda su vida transgredió las normas social y culturalmente establecidas como ella misma lo dijera: “las mujeres guerrilleras rompimos algunos mitos frente al amor eterno, la fuerza, el matrimonio, la maternidad, la sexualidad…” pero no lo hacía por moda, sino porque en ese momento estaba convencida del cambio y de llegar a “ser poder”, premisa del Eme.
“Nohora” una mujer que se rompió el alma al interior del Palacio de Justicia para evitar el ascenso del Ejército y la policía al lugar donde permanecían los trabajadores, los magistrados y sus compañeros de operativo.
¡Doña Clementina Cayón!, ¡Clementina la brava! ¡La mujer de la matriz de oro! La madre del Flaco Bateman, que le transmitió el sabor, la alegría, la imaginación, la pasión y un enorme corazón. Cómplice incondicional de su hijo “Si el Flaco es guerrillero, pues todos los guerrilleros son buenos…” decía. Una mujer verraquísima que a diferencia de otras madres, de otros compañeros, se sentía orgullosa de su Flaco y lo protegía con la “Cadena de los Afectos”, que finalmente acompañó al Eme y lo convirtió en una familia inmensa.
Susana, Violeta, Marta, Claudia, Ana María, Mercedes, Irma… y muchas otras mujeres “Eme”, desconocidas para la opinión pública, pero que existieron y cumplieron con tareas fundamentales para el país. De este modo, las guerrilleras del M-19 eran mujeres de carne y hueso, que reían, lloraban, con desamores, amores, tristezas, alegrías, inseguridades, miedos, valentía… mujeres que renunciaron a su propia vida, a sus sueños individuales y comenzaron a escribir una historia para Colombia, para el colectivo, sin olvidar su papel, su feminidad que hacía temblar a los militares, mujeres que resistieron la tortura y soportaron la cárcel, y al mismo tiempo seguían construyendo al Eme y volvieron el dolor fuerza y convirtieron la cárcel en otro frente de lucha.
Compañeras que dejaron sus madres, padres, herman@s, amig@s, hij@s, para ir a cambiar el país, labrar un camino por el cual pudieran andar todos los “nadie” de este país, un camino hacia la libertad, donde las personas se hicieran conscientes de su responsabilidad histórica, lo hicieran con pasión y volvieran realidad en sueño.
Por todo lo anterior es necesario que quienes estamos conscientes del enorme papel que desempeñamos las mujeres en una organización, valoremos, aplaudamos y promovamos esos valores con los que las compañeras del Eme llevaron a cabo mil y un acciones. Desde luego no pretendemos ser iguales a ellas, es un tanto difícil pues el contexto social, político, económico y cultural es diferente, no mejor, diferente solamente. Porque la pobreza, la miseria, el desempleo, el hambre, la injusticia, la desigualdad son más fuertes, son más grandes como los centros comerciales de la oligarquía. Ahora contamos con un gobierno conformado por paramilitares, la represión ha aumentado y aumentará, porque la oligarquía no permitirá que les quiten nada por las buenas, se van a defender con todo, por eso tienen a ese Ejército, por eso al DAS, por eso a sus agentes oscuros, sus espías… de ellos no esperemos más sino represión.
Somos parte de un país sin memoria, un olvido autoprovocado, porque muchas veces el país prefiere hacerse el de la vista gorda y repite lo que dicen la Gurisatti y sus secuaces. ¿Por qué ir a mirar los errores del Presidente Chávez? ¿Por qué presentar en la “tele” a los niños de Venezuela pidiendo agua? ¿Acaso en Colombia no pasa lo mismo y ¡peor!? Miremos primero para adentro de este país, resolvamos los problemas de nuestra nación y después critiquemos…
Por último creemos que es muy importante rescatar algunas características de esas compañeras; el amor inagotable a “la causa”, la alegría, la festividad, la berraquera, la sensibilidad, las ganas de seguir aún con tantas dificultades, la solidaridad, el apoyo entre nosotras mismas y nuestros compañeros, que son parte fundamental de todo proceso; porque la lucha continúa y las cosas quedaron inconclusas…porque tenemos una responsabilidad que cumplir con Colombia y para eso nos preparamos…



¡Comandante Bateman! ¡CUMPLIREMOS!




Escrito de las mujeres Batemanianas por el día de la mujer combativa, trabajadora y revolucionaria.