Movimiento Jaime Bateman Cayon: LA POLÍTICA DE LO MILITAR (parte 1)

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sábado, 13 de febrero de 2010

LA POLÍTICA DE LO MILITAR (parte 1)




INTERVENCIÓN DEL COMANDANTE ÁLVARO FAYAD EN LA REUNIÓN DE LA DIRECCIÓN NACIONAL, SAN PEDRO (CAUCA) — SEPTIEMBRE DE 1984.



LA POLÍTICA DE LO MILITAR

ÁLVARO FAYAD DELGADO


Nosotros hablamos de la guerra porque estamos haciendo política y hablamos de la construcción de un ejército porque tenemos proyecto político y construimos un ejército o buscamos construir un ejército de una manera y con una concepción que sean consecuentes con un proyecto político concreto y determinado como el que tenemos. Es decir, hablamos de guerra porque en Colombia queremos construir la democracia. Y hablamos de ejército porque es la única posibilidad como instrumento de nuestra política para conquistar la democracia en Colombia.
El eje fundamental de nuestra actividad es un proyecto político de poder. El objetivo: la democracia. Los protagonistas, las masas, los sectores democráticos. El objetivo global de toda nuestra actividad: El poder. Y el Instrumento militar adecuado para poder derrumbar el instrumento fundamental del enemigo, es la construcción de nuestro propio ejército.
Por eso yo no creo lo que decía un compañero, que somos muy buenos políticos y malos militares, Yo creo que somos malos políticos en la medida en que no desarrollamos bien las tareas militares que necesita el periodo, que necesita la Revolución Colombiana. Y no hacemos la guerra bien cuando no desarrollamos, cuando no asumimos las tareas políticas.
Hoy están los militares haciendo la guerra, en el momento adecuado, con los instrumentos adecuados. Hoy los militares están convocando fuerzas, convocando bloques sociales, cercando la propuesta del Diálogo, arrinconando a Belisario, unificando el sector reaccionario y militarista y ambientando el golpe. Eso exige de nosotros también una política agresiva y acorde con el periodo que estamos viviendo. El Diálogo es una tarea política. Si fuera suficiente construir un ejército, yo pienso que sería imposible derrotar el ejército enemigo; es más poderoso que nosotros. Es más fuerte que nosotros. La solidez de nuestra posibilidad de triunfo radica en un proyecto político revolucionario. Si separamos nuestro proyecto político del instrumento militar, estamos construyendo una herramienta ciega. Podemos meterle toda la técnica del mundo, podemos meterle todas las palas del mundo, podemos meterle todos los pozos de tiradores del mundo, podemos meterle todos los cursos y todas las experiencias, pero si no tenemos lo fundamental en el M-19, un proyecto de democracia y una voluntad de vencer, ¡es imposible! Mire, el análisis de la experiencia nos está demostrando eso. El análisis de la experiencia nos está demostrando que a medida que fuimos perfilando un proyecto político adecuado para la realidad del país, fuimos también perfilando el instrumento militar adecuado.
El salto al proyecto de democracia implicó para nosotros, de alguna manera, asumir el reto de construir un instrumento militar. Pensamos en el ejército en ese momento. Y pensamos con el peso de la tradición y resolvimos crear seis, siete móviles en Colombia.
Lo fundamental para rescatar de la experiencia de las móviles, yo pienso que fue la decisión de construir un ejército. ¿En función de qué lo hicimos? De nuestra propia experiencia. De la nuestra como organización y de la nuestra como pueblo. Y esto es importante tenerlo claro, porque lo que hoy estamos analizando, algunos de los elementos que estamos analizando, tienen que ver con el peso de una tradición guerriIlerista en Colombia, que todavía pesa en el recuerdo, en las experiencias, en las actitudes espontáneas de todos nosotros.
Cuando aquí se ha hablado de las experiencias de las móviles y las experiencias de la construcción militar del Frente Sur y del planteamiento en la 8a. Conferencia de una nueva concepción, que no es nueva, entre otras cosas, porque es tan antigua como la guerra revolucionaria de los pueblos; porque con base en esa concepción, triunfa China, triunfa Vietnam y triunfa la revolución cubana. Lo que ocurre es que en Colombia se había perdido esa concepción; Colombia había desarrollado una manera especial de hacer la guerra de guerrillas, que implicaba el permanente alejamiento de las batallas decisivas; que implicaba nunca buscar el ascenso a los extremos; que implicaba siempre conservar las fuerzas propias, pero nunca intentar golpear las fuerzas del enemigo. Lo que surge del Frente Sur es la necesidad de una nueva concepción. Yo por eso digo, frente a los errores todos del Frente Sur (y súmele veinte errores más y súmele cien errores más de la organización), hay que destacar que mantuvieron en alto una decisión política de construir un ejército. Se retó a uno de los gobiernos más terroristas de Colombia, al gobierno de Turbay Ayala. Que mantuvieron, con Fuerza Militar y con fuerza del pueblo, este proyecto y este período de la situación política y militar que estamos hoy cerrando.
Yo pienso que fue más difícil para nosotros, y sigue siéndolo, el desarrollo real y consecuente de la propuesta de democracia en términos políticos. ¿Cuántos esquemas nos tocó romper? ¿Cuántos esquemas nos sigue implicando romper, ser de verdad democráticos en Colombia? Hemos cometido más errores en lo político que en lo militar. Pero la decisión de mantener un proyecto político y la decisión política de construir un ejército nos han permitido avanzar y ser lo que somos hoy, no obstante todos los errores, con todas las dificultades, con toda la pasividad de lo viejo y de lo conocido, con todo el miedo a lo nuevo; con unas estructuras que se han desparramado y se han destruido, oiga, más de veinte veces.

Con todo eso, la 8a. Conferencia plantea la ruptura con el guerrillerismo, por lo menos como propósito. Se habla de un ejército más agresivo, de una estructura de ejército, con una concepción de aniquilar las fuerzas fundamentales del enemigo y, obvio, se plantea la propuesta nueva y surgen los viejos esquemas inmediatamente; "salimos dispersos de la 8a. Conferencia", dicen los campas. "¡Y se da la orden de no combatir!”. Yo me pregunto: ¿Estábamos nosotros con los mandos adecuados, con la concepción adecuada, con la práctica adecuada, para hacer una marcha de esas, combatiendo, que nos permitiera llegar concentrados a la zona de operaciones? ¿Con ese estilo de combate no nos habríamos dispersado en los primeros combates de la marcha? Y analice así todos los otros errores: el de Aeropesca; los compañeros dicen quién fue, por qué falló; bueno, y veamos lo del Cantón, ¿no fue peor? , y digo: sumemos todos los errores, y sumémosle cien más que no conocemos.
La formación de un ejército del pueblo

Pero rescatamos fundamentalmente una estructura, una organización, un proyecto político que asumió en serio, pero en serio y a profundidad, la construcción de un ejército.
Yo pienso que lo nuevo de esta reunión es que ya no hablamos de concepción, que podemos mostrar los avances concretos, avances en la búsqueda de la conformación de un ejército.
Digo: analicemos todos los errores de atrás, todas las responsabilidades, pero veamos también en todos esos errores cómo fueron surgiendo los nuevos elementos. Pero fundamentalmente insistamos en qué tenemos de nuevo hoy, y qué tenemos de viejo, Qué nos pesa todavía para asumir las tareas inmediatas y las próximas. Es decir, para asumir hoy las tareas militares del momento tenemos que decir con qué contamos en concreto, en qué hemos avanzado. Y en las intervenciones de los compañeros hemos visto los elementos nuevos. Independiente de cierto sectarismo que se nota en los análisis, Yo digo: a veces somos sectarios en los propios análisis, de nuestra propia actividad parcial. Entonces los rurales les dan madera a los urbanos y éstos les dan madera a aquellos otros y el otro resalta su propia experiencia; y necesitamos un esfuerzo global. Toda estructura tiene elementos fundamentales de desarrollo, desiguales y disparejos. Lo fundamental es que la organización, en cuanto tal, tomó la decisión política, organizativa, militar, financiera y logística de desarrollar una nueva concepción y crear las bases que permitieran tener los instrumentos, los hombres, los conocimientos para construir un ejército. Y es en función de ese plan, cuando después de la 8a. se puede volver a reunir la organización, en febrero del 83. Una organización ya esquelética en las estructuras; los compañeros del Frente Sur sin ninguna comunicación con Bateman; los otros miembros de la dirección presos, la OPM pasando de la dispersión orgánica que le había significado el saboteo electoral. En febrero del 83, en concreto, para ver el último punto en referencia, lo que se decide de nuevo es una definición política, independiente del desarrollo raquítico de la estructura, independiente de todo lo lánguidos que éramos, lo golpeados que habíamos salido después de cuatro años de combate contra Turbay; la Fuerza Militar sin comunicación, era el mayor reto que se le hada al movimiento guerrillero en Colombia.
Era Belisario, su proyecto de Paz, su amnistía. Allí se decide saldar cuentas con el insurreccionalismo como concepción espontánea. Hubiera sido fácil intentar rehacer orgánicamente, y a nivel de masas, las estructuras, lanzándolas a una actividad de masas: el insurreccionalismo como concepción estratégica. No concebimos la insurrección como el papel que debe jugar y que va a jugar en el proceso revolucionario en Colombia, y se decide, a pesar de la debilidad de las estructuras, formar una escuela, debilitando mucho más lo que había de desorganizado y débil de la organización. Ochenta, noventa, cien hombres a una escuela. Y se decide priorizar todos los esfuerzos en hombres, en cuadros, en finanzas, en logística en función del Frente Sur y en función de la escuela que se estaba haciendo. Y durante todo ese tiempo la actividad militar de la organización descansa en los compañeros del Frente Sur. Y es allí donde se da el salto, el salto concreto, real, la primera acción. Yo no digo que antes no se hubiera combatido con la misma agresividad; pero la acción de Paujil y la de El Mirador marcan la típica acción que queremos: atraer al enemigo, ponerlo en movimiento, golpearlo, aniquilarlo, recuperar fierros, rendir y tratar bien a los heridos. Están los elementos casi básicos casi completos. Que no lo hayamos logrado en este periodo, es otra cosa.
Los compañeros anotaban: en el próximo período tiene que darse ese tipo de enfrentamiento. Yo estoy de acuerdo en que no más Florencia, no más Corinto ¡más grande! Y más grande no significa en una ciudad más grande, significa mayor recuperación de fierros.
Ese hecho, donde se concreta la nueva concepción, empieza a jalonar no solamente el desarrollo militar, sino la propuesta política de la organización.
La terminación de la escuela, la creación del Frente Occidental, por la calidad de hombres, por la homogeneidad que tienen en la formación, por la capacidad de los cuadros al mando, mas la concentración que se hace con los compañeros que vienen del Putumayo y los que están trabajando allí en la región, conforman la mayor concentración de mandos y de fuerzas que teníamos en el momento. Y se empieza a desarrollar una concepción, una práctica. Yo pienso que el período nos arroja elementos nuevos, y el primero, el fundamental, es que la práctica ha demostrado que SI' es correcta la concepción. La práctica ha demostrado que sí se puede. La práctica ha demostrado que el enemigo se queda corto inicialmente frente al nuevo estilo de operar, frente a la nueva manera de combatir, con base en que el desarrollo de la nueva concepción tiene nuevos factores.
La experiencia que narra Boris no tiene nada que ver con la técnica, sino fundamentalmente con el esfuerzo, la convicción política, la necesidad de hacerlo. En el Frente occidental es una mezcla de técnica y de cuadros de decisión. Ahora, los obstáculos para la concepción son obvios: el temor a lo nuevo, el desarrollo desigual, el aprendizaje necesario. Estamos hablando de un periodo de 6 meses, compas. Estamos diciendo que es un salto impresionante en la historia militar de la guerrilla colombiana. Se han probado mandos y se han reanalizado bien las características nuevas de toda esta experiencia, la movilidad, la búsqueda de una zona más o menos determinada, la agresividad, la maniobra para el combate, el lograr la relación hombre-arma exacta. Ya es rutina de la organización hablar de hombre-arma. Estos son para nosotros avances kilométricos en relación con lo que teníamos. Deficiencias hay muchas. Pero el avance nos está dando la medida de lo que podemos hacer.
Sin embargo, algo que nos debe inquietar es la pérdida de oficiales; el informe hoy dice que casi la línea de oficiales, de capitanes y tenientes ha sido golpeada. Nosotros no podemos rifamos los cuadros, estamos exponiendo demasiado los cuadros de la organización. Creo yo que fundamentalmente por la capacidad organizativa, por la disciplina interna, pero también por una concepción. Nosotros también nos jugamos los cuadros fundamentales de la organización en cuestiones tácticas inmediatas. Todavía ese tacticismo de hacer las cuestiones a la carrera, confundir el desespero con la eficacia, está haciendo que perdamos cuadros estratégicos.
La decisión, en febrero 83, de hacer que la Fuerza militar creciera con base en el desarrollo propio para superar el periodo anterior, donde la Fuerza Militar tenía que girar en cada coyuntura política: que una declaración, accionar militar; que una nueva propuesta de Paz, accionar militar que una rueda de prensa, accionar militar. Eso impedía cualquier desarrollo planificado de la Fuerza Militar. Eso, entre otras cosas, se nota en los desniveles del desarrollo de la organización.
A la muerte del comandante Bateman, decidimos no montar ninguna campaña apresurada en homenaje al comandante Bateman, aunque pareciera que no estábamos haciendo presencia ante la muerte del compañero.
Se decidió seguir el ritmo natural con base en los planes de cada fuerza, que es la única manera del desarrollo. Lo mismo que se decide sacrificar la OPM, compañeros; sacrificarla en cuadros, sacrificarla en logística, en finanzas. Todo en función de apuntalar los dos Frentes que eran para nosotros lo estratégico.
Y en febrero 83 no había cinco centavos, compañeros, para hablar solamente del problema de finanzas. Y en febrero 83 se traza una decisión política: combatir, frentear, accionar frente a Belisario Betancur. Se hace un plan nacional, y un plan que sale cojo de entrada porque no hay cinco centavos con qué realizarlo, hay comunicación con el Frente Sur. La comunicación con el Frente Sur se logra un año y pico después. Pero se mantiene la decisión de que pasara lo que pasara en la coyuntura política, pasara lo que pasara con las otras estructuras, todo tenía que girar en torno a lo estratégico: la conformación de la estructura militar. Por eso tanta exigencia ante esta fuerza militar de occidente. Porque todo este período giró en apuntalarla. Por eso hoy no es tiempo de mirar cada experiencia particular, por eso no es el tiempo de mirar cada estructura,
Yo digo: miremos cada experiencia para darnos cuenta y criticar los errores, pero no perdamos la visión de conjunto: la estructura de la organización que piensa de SI misma como estructura, se está autocercando, política, orgánica y militarmente. Columna que piense solamente en función de sí misma. Fuerza Militar, Fuerza Especial, trabajo internacional, OPM, comunicaciones, que no tenga visión general del proyecto politice y de la construcción de un ejército, está impidiendo el desarrollo global de la organización.
Aquí se ha hablado de gérmenes de ejército que tenemos: de artilleros, de explosivitas... creo que hoy es el momento, con base en la técnica, las experiencias, de crear las bases sólidas de estructuras. La Fuerza Militar tiene primero que empezar a intercambiar las experiencias de los compañeros que tienen una técnica adecuada, con los compañeros que tienen una experiencia y una práctica largas.
Es decir, tenemos todos los elementos, pero los tenemos desorganizados, sueltos, sin una concepción todavía homogénea, sin una estructura homogénea Y sin plan para los objetivos y estructura que tenemos. A mí me parece que el esfuerzo de esta reunión debe ser ése. Qué es exactamente lo nuevo, con qué contamos, cuáles son las deficiencias que todavía nos pesan; en concreto, cuáles son las tareas políticas del país y lanzarnos a eso.

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